domingo, 25 de mayo de 2008

Resaca eurovisiva

No pudo ser. Europa perreó sólo los tres minutos que duró la canción, muy dignamente interpretada por Rodolfo Chikilicuatre. Luego, en las votaciones, lo de siempre. Cadena de favores endogámica entre escandinavos, por un lado, y países del este, por otro. Nosotros sólo pudimos contar con Andorra (que nunca falla) y nos votó Francia, que no solía hacerlo, quizá solidarizados con el sentimiento friki. Una vez terminada la gala, rebusqué, mando en mano, por las diferentes cadenas. Y ahí empezaron mis síntomas de resaca: mareos, ganas de vomitar, sequedad de boca, cierta desorientación y pesadez general.

Así que eché mano de la botella de agua (y porque no me quedaba ibuprofeno...) y pasé como pude el mal trago de La Noria. Allí estaba Jordi González haciéndose el digno, junto con su compañera, la que tiene una bonita voz y ya. En la mesa, alrededor del presentador catalán, estaban grandes tertulianos de nuestra época como Alfredo Urdaci o Jimmy Giménez Arnau. Especialistas, claro, en el mundo de la canción en general y en Eurovisión en particular. También por allí pululaba, como un eurofan con acné, el tipo del agujero en la barbilla que antes ofrecía sus ilustradas opiniones en el desaparecido Channel 4 de Cuatroº. Poniendo el punto de pretendido rigor no faltó a la cita Pepe Calabuig, que siempre será recordado por su época como director de Interviú (se desconoce su trabajo posterior).

Mi cuerpo, superviviente en el pasado de batallas como Crónicas Marcianas o Salsa Rosa, podría haber soportado ese ritmo. El problema es que el cuerpo de tertulianos no estaba ayer solo. La Noria había decidido contar para la ocasión con grandes voces de la música nacional. Artistas con mayúsculas, dignos defensores de nuestra tradición musical y de la calidad en el espectáculo. En primer lugar, una indignada Remedios Amaya reconocía no haber visto Eurovisión y no conocer ni siquiera el nombre de nuestro representante. La cantante (?), cabe recordarlo, es conocida por obtener cero votos en su participación eurovisiva, con su famosa barca. Representando a nuestra cara menos friki y zafia, por supuesto, estaban Las Supremas de Móstoles, también contrariadas, en su caso porque ellas sí tenían una carrera llena de esfuerzos y arte a sus espaldas. Por si la elevada carga de belleza musical no fuera poca, entró por vía telefónica Malena Gracia.

Ahí llegó La Noria a su más alta cota de la noche. La neumática artista (así se autodefinió) quiso hacer una defensa de los cantantes de verdad que, como ella, no habían tenido ni una sola oportunidad. El problema es que soltó semejante argumento sin antes mirarse al espejo. Y la otra objeción es que no respetó a la verdad, ya que dijo que TVE no le había dado la oportunidad de promocionarse, mientras que al Chikilicuatre sí. Eso es, sencillamente, mentira, pues la televisión pública sólo dio actuaciones y publicidad al Chiki chiki una vez que éste era el elegido oficial para Eurovisión. Aunque, la verdad, no sé muy bien qué hago tratando de buscarle sentido a esta mujer conocida por sus tetas y sus pintas de actriz porno.

El programa resultó lamentable. Y lo cierto es que Rodolfo Chikilicuatre sólo fue una excusa para atacar a TVE, La Sexta y El Terrat, la productora de Andreu Buenafuente. Lo que parece escocer a Tele 5 es que la idea no se les ocurrió a ellos. Porque, francamente, es del todo cuestionable que se proclame defensora de la calidad la televisión que fue capaz de parir Aquí hay tomate, Escenas de matrimonio, Salsa Rosa, A tu lado, Está pasando y tantos otros representantes de la zafiedad, lo soez y el mal gusto televisivos.

Visto lo visto, tenía que buscar una salida a aquella terrible resaca. A los síntomas que estaban destrozando mi cabeza, mi estómago y mi hígado. Así que busqué la pureza, el frescor del agua sana de La Primera. Y me encontré con Juan Adriansens hablando de Wagner, de grandes artistas. Fue entonces cuando comprendí que la mejor solución a la resaca es dormir y que el único que parecía haber entendido la seriedad de Eurovisión fue, precisamente, Rodolfo Chikilicuatre.

No hay comentarios: